Prensa

03/01/2009

Modernidad y celuloide

Por: Rafael Cippolini
Categoría: Prensa / Espíritu de simetría

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Modernidad y celuloide

La perfección de un animal, la supremacía del ser pensante ¿no se miden por la penetración y el poder sintético de su mirada? Tratar de ver más y mejor no es, pues, una fantasía, una curiosidad, un lujo. Ver o perecer”. La cita del filósofo francés Pierre Teilhard de Chardin (a la vez una declaración de principios y una guía) inicia Espíritu de simetría (Editorial Djaen), indispensable volumen de 574 páginas que reúne todos los ensayos, críticas y textos teóricos que el crítico argentino Angel Faretta publicó en la primera época de la revista Fierro, a lo largo de 81 números entre 1984 y 1991. Resulta claro, no estamos frente a un manual-fetiche para cinéfilos (“la cinefilia es la enfermedad infantil del cine y su concepto”, nos advierte en el prólogo) sino ante una obra mayor.
Releídos tantos años después, confirmamos lo que ya sabíamos: no sólo no han envejecido, sino que contrario sensu y progresivamente se vuelven más necesarios y urgentes.

La cuidada edición respeta la cronología inicial, lo cual es un acierto: el lector puede revisar, texto a texto (es decir, lo que originariamente fue entrega tras entrega) cómo Faretta supo elaborar una zona propia dentro de una publicación dedicada, básicamente, a la circulación de historietas. Un espacio de reflexión y análisis único en cualquier tipo de publicación, esto es, la construcción de una teoría singularísima que muy lejos de limitarse a examinar el estado de una industria y sus novedades, recorre exhaustivamente decenas de tópicos hasta transformarse en una Summa estética y también política.

Si el autor oportunamente declaró que “el cine ajustó cuentas con el Renacimiento y el Romanticismo”, del mismo modo la teoría farettiana no sólo discute con “el estado crítico de una época” sino que se interna en “un omniabarcativo panorama de una poética crítica de la modernidad”: de las ficciones antiutópicas a la imaginación criminal, de la ciencia ficción al esoterismo, de la literatura de viaje a autores como Ballard, Bioy Casares, Lowry, Simenon, Beckett, Walsh, Poe, Borges y Michaux, entre tantos otros.

Quienes intenten descubrir en este libro un archivo de “crítica cinematográfica de los ‘80” se encontrarán con una apuesta que, ya desde las primeras páginas, avanza en una dirección tanto más ambiciosa y felizmente peligrosa: “crítica es una escritura que se interroga por una certeza que está más allá de toda escritura”, asevera Faretta mientras acumula minuciosos estudios sobre los mejores autores de filmes “en activo” (un “casting teórico” y una tradición en curso que implica –entre otros– a Francis Ford Coppola, Brian de Palma, William Friedkin, John Carpenter y James Cameron, quinteto clave para lo que denomina “autoconciencia del cine”) pero también sobre sus antecesores (clásicos como Alfred Hitchcock, Howard Hawks, D. W. Griffith, Vicente Minnelli, Orson Welles, Fritz Lang, Douglas Sirk o John Ford); así como también otros directores con cuyas obras Faretta presenta hoy inconciliables diferencias como (por citar algunos) Scorsese (quien le inspiró el concepto de “signo medúseo”), Bertolucci, Eastwood, Huston y Wenders. Invariablemente activa e implacable, la visión del autor de El saber del cuatro se revisa a sí sin escatimarnos los materiales originales.

Espíritu de simetría se complementa y sirve de base a El concepto del cine, publicado hace tres años por la misma casa editora. El lector atento e interesado podrá deleitarse observando cómo ideas clave en el pensamiento del crítico (sirva de ejemplo la tríada “fuera de campo”, “principio de simetría” y “eje vertical”) se van complejizando y perfeccionando a medida que avanzan las páginas.

Muchos libros en uno: si en sus primeras colaboraciones para Fierro parece mostrarse más atento (aunque también inflexible) hacia el contexto (con las películas en cartel, con la emisión de los seriales televisivos), en forma sucesiva van ganando más y más lugar sus cardinales dossiers temáticos, a su modo, concentrados cursos y seminarios sobre tópicos tan diversos como la necesidad de la trama, las posibilidades de la cámara subjetiva, las decadencias del realismo, el mito y la alegoría en relación con el cine, el tema del héroe, la estética y el Mal, y la lista continúa. Espíritu... sin duda es, a su modo, una suerte de autobiografía de la teoría (y también de la enseñanza) farettiana.

Como él mismo, polemista de humor implacable, se encarga de enunciar: una teoría de la modernidad o del mundo moderno a través del cine.

© Revista Ñ. Clarín, Número 275, Sábado 3 de enero de 2009

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